Si tienes un hijo de alrededor de dos años, seguramente te has preguntado más de una vez:
¿Qué pasó?
¿Por qué antes no hacía berrinches?
¿Por qué algo tan pequeño termina en una crisis enorme?
¿Lo estoy haciendo mal?
La respuesta es ¡no!
Lee: Desorden emocional vs. berrinches
Lo que está pasando tiene que ver con algo que casi nadie nos explica cuando nos convertimos en mamás: el desarrollo emocional del cerebro no crece al mismo ritmo que la capacidad para manejar lo que se siente.
Alrededor de los dos años aparece con mucha más fuerza el deseo de independencia, tu hijo quiere decidir, hacer las cosas por sí mismo, tener cierto control sobre su entorno, empieza a tener expectativas sobre cómo deberían suceder las cosas. Y cuando no pasan como espera, aparecen emociones nuevas: frustración, enojo, decepción, impotencia.
El problema es que su cerebro emocional ya está sintiendo todo eso, pero su cerebro regulador todavía no está listo para manejarlo, en otras palabras:
Tu hijo ya puede decir “yo solito” o “no quiero”, sin embargo todavía no puede esperar, adaptarse, tolerar la frustración o calmarse solo.
Durante un berrinche, su sistema nervioso se activa tanto que pierde la capacidad de escuchar, pensar o responder de forma flexible, no es que no quiera hacerte caso, es que en ese momento, su cerebro no puede y aquí viene algo clave: la autorregulación se aprende primero desde afuera. Es decir, tu hijo no aprende a calmarse porque le explicas cómo hacerlo, aprende a hacerlo a partir de cómo tú te regulas cuando él no puede.
¿Qué hacer frente a un berrinche?
1. Regúlate tú primero
Antes de intentar ayudar a tu hijo a calmarse, es importante que puedas regularte tú. Cuando el berrinche sucede en público suelen aparecer la pena, el juicio o la urgencia de que termine rápido, si tú te desregulas, pierdes la oportunidad de ayudarle a organizarse, tu calma no evita el berrinche, pero sí le enseña cómo salir de él.
2. Acompaña y nombra una sola vez lo que está pasando
En pleno berrinche, tu hijo no puede razonar, su sistema nervioso está desbordado y momentáneamente pierde la capacidad de escuchar o entender explicaciones, en este momento no intentes convencer ni negociar, acércate, mantén la calma y nombra una sola vez lo que está sintiendo y por qué estás ahí. Por ejemplo: “Estás muy enojado porque querías ese juguete, estoy aquí contigo mientras pasa.”
3. Sostén el límite sin repetirlo
Durante el berrinche no es necesario volver a explicar o insistir en el “no”. El límite ya fue puesto y repetirlo en ese momento puede aumentar su frustración. Acompañar implica mantener el límite sin negociarlo, pero sin intentar razonarlo mientras está desregulado, la explicación vendrá después, cuando haya recuperado la calma.
4. Ofrece presencia, no soluciones rápidas
A veces lo único que necesita es que estés cerca mientras su emoción pasa. No siempre hay que distraer, negociar o hacer que deje de llorar, acompañar mientras llora también es enseñar regulación.
5. Después retoma y explica
Cuando su sistema nervioso vuelve a la calma, entonces sí puedes retomar lo ocurrido y explicarlo.Por ejemplo: “Te enojaste mucho cuando te dije que no íbamos a comprar el juguete, no siempre se puede comprar todo lo que
queremos.”Primero se regula, después se aprende.
Los berrinches no son una señal de que algo estás haciendo mal, son una señal de que tu hijo está creciendo. Y cada vez que logras guardar la calma y acompañarlo, le estás enseñando algo que va a usar toda su vida: que se vale sentir, ponerle nombre a lo que siente, que no dura para siempre y que después de desbordarse puede regresar a la calma.
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Redacción bbmundo
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