Cuando tu hijo te dice que quiere ir a terapia, algo se mueve por dentro. Tal vez sientes culpa. O miedo. Incluso dudas sobre tu crianza. Pero antes de entrar en pánico, respira. Que tu hijo quiera hablar con un profesional no significa que lo estés haciendo mal. De hecho, puede significar todo lo contrario.
Pedir ayuda ya no es un tabú
Durante años, ir a terapia era sinónimo de “algo grave”. Hoy no, las nuevas generaciones crecieron escuchando sobre ansiedad, límites y autocuidado.
Organismos como la Organización Mundial de la Salud advierten que los trastornos mentales son una de las principales causas de enfermedad en adolescentes. Además, estiman que uno de cada siete jóvenes entre 10 y 19 años vive con un problema de salud mental.
Por eso, para muchos adolescentes, pedir terapia es tan válido como ir al dentista. No esperan tocar fondo. Buscan herramientas.
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¿Entonces lo estás haciendo muy bien?
No necesariamente es blanco o negro. Que tu hijo quiera terapia no te califica como “mamá perfecta” ni como “mamá terrible”. Lo que sí puede indicar es que tu hijo siente suficiente confianza para decirte algo vulnerable. Y eso ya es un buen punto de partida.
La American Psychological Association explica que el apoyo familiar es un factor protector clave en la salud mental adolescente. Es decir, cómo reaccionas importa más que la razón inicial para ir a terapia.
Si respondes con juicio, minimizando o dramatizando, se cierra la puerta. Si respondes con apertura, se fortalece el vínculo.
Cambios generacionales
Tú creciste resolviendo “en casa”. Muchos jóvenes hoy quieren un espacio neutral. No porque no confíen en ti, sino porque saben que hay cosas que necesitan trabajar sin filtros.
Además, esta generación tiene más lenguaje emocional. Hablan de ansiedad social, ataques de pánico o burnout escolar con naturalidad. Eso no significa que exageren. Significa que tienen más información.
Instituciones como el National Institute of Mental Health señalan que la detección y atención temprana mejora el pronóstico en la mayoría de los trastornos mentales.
En otras palabras, intervenir a tiempo sí hace diferencia.
Cómo apoyar a tu hijo
Primero, evita convertirlo en algo personal. No se trata de ti. Se trata de su bienestar.
Después, pregunta desde la curiosidad, no desde el interrogatorio. Puedes decir: “¿Qué te gustaría trabajar en terapia?” o “¿Cómo te imaginas que te ayudaría?”.
También es importante validar. Frases como “Me parece valiente que lo digas” pueden marcar la diferencia.
Por último, infórmate. Busca profesionales certificados. Acompaña el proceso sin invadirlo. La terapia es su espacio, no un reporte semanal para ti.
Si en algún momento te sientes removida por lo que surja, también puedes buscar orientación. Cuidarte tú no le quita espacio a él.
Fuentes: Organización Mundial de la Salud; American Psychological Association; National Institute of Mental Health.
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Redacción bbmundo
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