¿Cuántas veces te ha dicho tu hijo o tu hija que su hermano o hermana es el consentido y el otro hermano piensa, siente y dice lo mismo? Desde la psicología del desarrollo y la neuropsicología, que sientan esto no se explica un favoritismo consciente de los padres, sino la forma en que el cerebro infantil construye la experiencia emocional dentro de la familia.
El cerebro de nuestros hijos no evalúa el amor de los padres en términos abstractos, interpreta el vínculo a partir de la seguridad emocional que percibe, qué tan disponible estamos para ellos y la respuesta que damos a sus necesidades, es decir lo que ve y lo que vive en el día a día.
John Bowlby, creador de la teoría del apego, explica que el sistema de apego del niño está constantemente monitoreando si su cuidador está disponible para protegerlo y responderle, Cuando hay hermanos, este monitoreo ocurre de forma relacional (que le dan o hacen con mi hermano que conmigo no).
La comparación aparece de manera natural
Leon Festinger, con su teoría de la comparación social, describió que los seres humanos necesitamos compararnos para entender nuestro lugar dentro de un grupo. En la infancia, esta comparación no es racional ni consciente, es emocional, el niño no se pregunta quién es más querido, sino quién recibe más atención, más paciencia o más protección.
A esto se suma que los padres, inevitablemente, no podemos criar igual a todos los hijos. Cada uno tiene un temperamento distinto, atraviesa etapas de desarrollo diferentes y presenta necesidades particulares. Es por esto que aunque tú sientas que los tratas igual, y sabes que te importan igual y que no tienes preferencias alguna. Lo que para ti puede ser un ajuste necesario (acompañar a uno de tus hijos a dormir porque le cuesta trabajo quedarse solo y el otro se duerme fácilmente, ayudar a uno de ellos a hacer la tarea porque el otro la hace rápido y sin dificultad…), para el cerebro infantil puede vivirse como injusticia.
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EL CEREBRO ES RELACIÓN
Daniel Siegel explica que el cerebro se construye en relación. Los niños desarrollan su sentido de valía observando cómo son tratados en comparación con los otros vínculos significativos, especialmente los hermanos, el problema es que el niño solo ve lo que al otro se le da y no puede ver lo que el otro necesita.
Por ejemplo, el hijo que parece más fuerte o autónomo suele recibir menos ayuda explícita, mientras que el más demandante recibe mayor presencia. Uno puede sentirse invisible; el otro, sobrecargado o controlado, ambos pueden crecer con la sensación de desventaja, aunque por motivos distintos. Además, la memoria emocional tiene un peso central, el cerebro recuerda con más intensidad los eventos asociados a emociones como tristeza, enojo o sensación de injusticia; un solo momento en el que un niño se sintió menos visto puede consolidar la creencia de favoritismo, incluso si hubo muchas otras experiencias de cuidado.
Por eso no es raro que incluso en la adultez, dos hermanos sigan convencidos de que el otro fue el consentido, no porque los padres amaran más a uno, sino porque las necesidades emocionales de cada uno no siempre fueron nombradas, comprendidas o reparadas.
Tips para aminorar el sentimiento de no ser el consentido:
- Nombrar las diferencias entre los hermanos ayuda a reducir fantasías de favoritismo. Explícales que cada uno necesita cosas distintas, esto no divide sino que aclara.
- Evita las comparaciones, al compararlos pensando que se pueden motivar se activa la amenaza emocional y no la motivación.
- Ofréceles tiempos individuales, aunque no sean iguales en cantidad, pero sí claros y predecibles para fortalecer el vínculo.
- Valida la percepción emocional de tu hijo sin discutirla, esto abre la posibilidad de reparación. Decir “entiendo que así lo sentiste” es más reparador que negar la experiencia.
- Recuerda que nunca es tarde para reparar, la investigación en apego muestra que la reparación verbal, incluso en la adultez, sigue teniendo un impacto positivo en la relación.
Cuando un hijo dice que su hermano es el consentido, no está acusando, está hablando de una necesidad emocional no resuelta, entenderlo desde esta mirada no busca culpables, sino mayor empatía y conciencia en la crianza.
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Alejandra Angers
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