Estás preparando el desayuno, le sirves el cereal en el plato azul en lugar del rojo y de repente, todo explota. Llanto, gritos y hasta golpes a la mesa salen. Te quedas en shock preguntándote. «¿En serio todo esto por un plato?». Si en los últimos meses has sentido que tu hijo explota por todo y que vives caminando sobre cascarones de huevo para no detonar una bomba, respira. No estás haciendo mal tu trabajo ni tu hijo te está manipulando, es algo más profundo que eso.
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¿Por qué parece que mi hijo explota por todo? Cómo responder sin perder la cabeza
Para entender qué es lo que pasa en su cabeza, primero tienes que imaginar que el cerebro de tu crío es como una casa en plena construcción. El primer piso (la parte impulsiva y emocional) ya está terminada, pero el segundo piso (la parte lógica, que se encarga de pensar, calmarse y frenar impulsos) todavía no tiene techo ni ventas. Así que cuando te preguntes: «¿por qué parece que mi hijo explota por todo?», la respuesta corta es que su segundo piso todavía no está del todo conectado con el primero.
Un berrinche clásico normalmente tiene una meta clara, como conseguir que le compren un juguete del super. Pero cuando hay un colapso de este tipo, el niño simplemente está perdiendo el control de sus reacciones. La gota que derrama el vaso, se llame plato azul, etiqueta de la playera o apagar la tele, no son el verdadero problema. Es el acumulamiento de cansancio, estímulos o frustración que su cerebro ya no puede procesar.
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La desregulación emocional: Un cerebro rebasado
En la neuropediatría y la psicología emocional, a esto se le conoce como desregulación emocional. A diferencia de los adultos, que ya cuentan con herramientas para respirar o racionalizar lo que les molesta, el sistema nervios de un crío se frustra con facilidad. Cuando la presión interna supera los recursos que tiene para manejarla, el cerebro activa su modo de supervivencia: luchar, huir o quedarse pasmado. Por eso, ante los ojos de un adulto, sus reacciones pueden parecer exageradas pero para su cuerpo son amenazas 100% reales.
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¿Cómo acompañarlo sin perder la calma?
Es normal que al ver a tu hijo «fuera de control», te sientas estresado y quieras explotar. Pero para evitar que la situación se convierta en una batalla campal, puedes poner en práctica lo siguiente.
- Sé su ancla: Un fuego no se apaga con más fuego. Si gritas mientras tu hijo explota por todo, lo único que lograrás es sumarle más ruido a un cerebro ya sobreestimulado. Así que primero agáchate a su altura, háblale en un tono suave y firme. Tu tranquilidad le hará saber a su sistema nervioso que está seguro.
- Valida su emoción, no lo que hace: Los desbordes emocionales en niños necesitan espacio para bajar la intensidad. Así que en lugar de decirle «no es para tanto» o «ya cállate» , intenta validar lo que siente haciéndole saber que sus reacciones no son las correctas: «Entiendo que te dio coraje que apagáramos la tele, pero no tienes porque aventar las cosas».
- Revisa lo que no se ve: Si notas que las explosiones son cada vez más frecuentes, checa el entorno. Muchas veces, detrás de un niño que «explota de la nada» hay falta de sueño, exceso de pantallas, hambre, cambios en la rutina o una sobreestimulación sensorial que no sabe expresar en palabras.
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Natalia Fiesco