“Una nalgada a tiempo educa”. “Yo crecí así y estoy bien”. “Ahora ya no se les puede decir nada a los niños”.
Estas frases siguen pasando de generación en generación. Sin embargo, repetirlas no las convierte en buenas herramientas de crianza.
En México, 53 de cada 100 niñas y niños han vivido algún método de disciplina violenta, según el Sistema Nacional de Protección Integral de Niñas, Niños y Adolescentes. Esto incluye agresiones físicas, gritos, amenazas y humillaciones.
La crianza positiva y respetuosa propone algo diferente: educar con afecto, escucha y límites claros, pero sin violencia.
Tu hijo no está “tomándote la medida”
Durante un berrinche quizá parezca que tu hijo quiere retarte, manipularte o llevarte al límite. En realidad, su cerebro todavía está desarrollando habilidades para controlar impulsos y expresar emociones.
El hambre, el sueño, el miedo o demasiados estímulos pueden provocar una explosión. El llanto y los gritos son su manera de comunicar algo que todavía no sabe explicar.
Eso no significa que debas aceptar cualquier conducta. Significa que necesitas mirar lo que ocurre antes de corregirla.
Primero calma, después límite
Las emociones se contagian. Por eso, antes de intentar calmar a tu hijo, revisa cómo estás tú.
Si sientes que vas a gritar o pegar, guarda silencio unos segundos. Respira, toma agua o pide relevo si tienes a alguien cerca. Regularte también forma parte de criar.
Durante el berrinche, usa pocas palabras: “Sé que querías ese juguete y estás enojado. Puedes llorar, aquí estoy”.
Cuando recupere la calma, marca el límite: “No voy a permitir que pegues. Puedes apretar un cojín o quedarte conmigo”.
Así validas lo que siente sin permitir una conducta que lastima.
Poner límites también es criar con respeto
La crianza respetuosa no convierte tu casa en tierra de nadie. Tu hijo necesita reglas claras, firmes y constantes.
La diferencia está en no usar miedo, dolor o vergüenza para conseguir obediencia. De acuerdo con el Centro sobre el Desarrollo Infantil de la Universidad de Harvard, la exposición prolongada a la violencia puede generar estrés tóxico y afectar el aprendizaje, la salud y el desarrollo.
Criar con respeto también sucede fuera de los conflictos. Ocurre cuando juegas, escuchas, muestras afecto y reconoces a tu hijo más allá de sus logros.
El objetivo no es criar niños que nunca se enojen. Es enseñarles que incluso el enojo puede expresarse sin lastimar.
El SIPINNA, en colaboración con UNICEF, prepara una campaña sobre Crianza Positiva para brindar a las familias herramientas que promuevan el respeto, el diálogo y los límites sin violencia. La iniciativa busca impulsar una crianza compartida y crear entornos seguros y afectivos para niñas, niños y adolescentes.
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Redacción bbmundo