Puede parecer contradictorio. Hay regalos, hay celebración y aun así hay llanto. Esto pasa más de lo que imaginas y tiene explicación. La frustración infantil no siempre está ligada a la falta. A veces surge por sobreestimulación, cansancio o expectativas no verbalizadas.
Durante las fiestas, los niños duermen menos, comen distinto y viven muchos estímulos. Todo eso baja su tolerancia emocional.
El regalo no siempre es el problema
Algunos niños se frustran porque el juguete no funciona como esperaban. Otros, porque no saben usarlo de inmediato. También pasa cuando reciben algo que no pidieron.
Además, abrir muchos regalos seguidos puede generar ansiedad. No hay tiempo para procesar ni disfrutar.
En niños pequeños, la emoción intensa se transforma rápido en desborde. No es manipulación. Es inmadurez emocional.
La comparación también influye
A partir de los 5 o 6 años, la comparación social pesa más. Si otro niño recibe algo “mejor”, la frustración aparece, aunque el regalo propio sea adecuado.
Esto no significa que tu hijo sea materialista. Significa que está aprendiendo a ubicarse en el mundo social.
Cómo acompañar sin culpas
Primero, evita frases como “deberías estar agradecido”. Eso invalida la emoción y no enseña regulación.
Mejor, nombra lo que ves: “Te noto molesto, ¿esperabas algo diferente?”. Luego, ofrece calma antes de soluciones.
También ayuda espaciar regalos y priorizar momentos de juego real. Menos estímulo, más conexión.
Estas situaciones permiten enseñar tolerancia a la frustración infantil. No desde el discurso, sino desde el acompañamiento. Con el tiempo, tu hijo aprenderá que sentirse decepcionado no es peligroso. Y que pasa.
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Redacción bbmundo
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