Sentir enojo intenso hacia tu hijo puede asustarte. A veces aparece como una urgencia de gritar o pegar. Aunque incomoda admitirlo, es más común de lo que imaginas. La psicología lo explica con claridad.
Primero, es importante decirlo: sentir no es lo mismo que actuar. El problema no es la emoción, sino qué haces con ella.
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El cerebro reacciona antes de que pienses
Cuando tu hijo llora, desobedece o reta límites, tu cerebro puede interpretarlo como una amenaza. En ese momento se activa la amígdala, la zona encargada de la respuesta de estrés.
Por eso, reaccionas antes de razonar. Tu cuerpo entra en modo “lucha o huida”. El pulso sube, los músculos se tensan y la paciencia desaparece.
Mientras tanto, la corteza prefrontal —la parte que regula impulsos— queda en segundo plano. Así se explica ese impulso repentino de pegar, aunque no quieras hacerlo.
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El estrés acumulado tiene mucho que ver
Criar cansa. Dormir poco, trabajar, cargar culpas y no tener apoyo suma presión. Cuando el estrés es constante, tu tolerancia baja.
Entonces, cualquier conducta infantil normal puede sentirse insoportable. No es que tu hijo sea el problema. Es que tu sistema nervioso ya está saturado.
De hecho, estudios muestran que padres con altos niveles de estrés reaccionan con más impulsividad ante la conducta de sus hijos.
La historia personal influye más de lo que crees
Muchos papás fueron educados con golpes, gritos o castigos físicos. Aunque conscientemente no quieran repetirlo, el cerebro guarda esos patrones.
En momentos de crisis, tu mente recurre a lo aprendido. No porque sea correcto, sino porque es familiar.
Aquí aparece una frase clave en psicología: “Reaccionamos desde donde no hemos sanado”.
El mito del “golpe educativo”
Durante años se normalizó la violencia como forma de disciplina. Sin embargo, hoy la evidencia es clara.
El castigo físico no educa, solo genera miedo, estrés y problemas emocionales a largo plazo. Además, aumenta la agresividad infantil. Saber esto no evita el impulso, pero sí ayuda a frenarlo antes de actuar.
Qué hacer cuando aparece el impulso
Antes que nada, detente físicamente. Aléjate unos segundos si es necesario. Respirar profundo ayuda a que el cerebro vuelva a regularse. Luego, nombra lo que sientes. Decirte “estoy muy enojado” baja la intensidad emocional.
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Redacción bbmundo
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