lunes, 26 de enero de 2026

¿Cómo se ve la adicción de IA en tus hijos?

La idea de que tus hijos podrían estar “adictos a la IA” suena dramática. Pero lo que sí estamos empezando a ver es un uso problemático y emocionalmente dependiente de herramientas como chatbots, asistentes y compañeros digitales. No es una “adicción clínica” en términos médicos, pero sí un patrón de comportamiento que puede afectar su salud y vida diaria si no lo controlas.

Lee también: Conoces los riegos de la tecnología en niños

¿Qué significa “adicción a la IA”?

No existe un diagnóstico formal de adicción a la IA, como sí ocurre con sustancias o algunos videojuegos. Sin embargo, expertos usan el término uso problemático cuando un niño:

  • No puede controlar el tiempo que pasa con IA.
  • Se estresa si le pides que cierre la app o deje de usarla.
  • Empieza a dejar de lado tareas, familia o actividades reales.

Esto se parece más a lo que ocurre con la adicción a las redes sociales o los videojuegos: la IA está diseñada para mantener la atención y responder de forma que engancha emocionalmente.

Señales de alerta claras

1. Aislarse socialmente
Sus interacciones con otros niños o contigo disminuyen porque prefieren hablar con una IA.

2. Cambios en sueño o rutina
Se quedan despiertos hasta tarde o ajustan su horario por usar IA.

3. Irritabilidad al poner límites
Se enojan o angustian cuando intentas limitar el acceso.

4. Pérdida de interés en hobbies reales
Dejan de lado actividades que antes disfrutaban.

5. Mentiras sobre cuánto usan la IA
Ocultan el tiempo real que pasan interactuando con bots.

Estas señales no siempre significan adicción. Pero sí son motivo para prestar atención y hablar con ellos sobre lo que está pasando.

¿Por qué pasa?

Hay varias razones por las que los niños pueden volcarse a la IA:

  1. Sentir compañía fácil: los chatbots parecen siempre disponibles y “amigables”, sin juicio.
  2. Soporte emocional rápido: pueden usar la IA para buscar consuelo, especialmente si están solos o estresados.
  3. Búsqueda de validación: los bots tienden a responder de forma positiva, lo que refuerza el deseo de volver a usarlos.

El cerebro adolescente todavía no regula bien las emociones ni los impulsos, por eso este tipo de interacción puede ganar protagonismo con rapidez.

¿Qué puedes hacer como papá o mamá?

Más que prohibir, los expertos recomiendan enfoques que mantengan la comunicación abierta:

1. Habla sin juzgar
Pregunta cómo usa la IA y por qué le gusta. Evita castigos inmediatos sin diálogo.

2. Pon límites claros y consistentes
Define juntos cuándo y por cuánto tiempo puede usar estas herramientas en el día.

3. Fomenta actividades fuera de pantallas
Deportes, arte o tiempo con amigos pueden equilibrar el uso digital.

4. Modela un uso saludable
Tu relación con la tecnología también les enseña hábitos.

5. Busca apoyo si es necesario
Si notas que la IA está afectando emociones, sueño o relaciones, hablar con un profesional puede ayudar.

La tecnología evoluciona rápido y cambia cómo viven los chicos su día a día. Estar alerta sin entrar en pánico es clave para acompañarlos y ayudarles a usar la IA como herramienta, no como escape.

 

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Redacción bbmundo

Tu hijo no te ignora: su cerebro literalmente no puede hacer eso todavía

Estás hablando y no responde. Pides algo simple y parece no escucharte. La tentación es pensar que te ignora. Sin embargo, en muchos casos, no es una decisión. Es neurodesarrollo puro y duro. Tu hijo no te ignora.

Para entenderlo, hay que bajar el tema a tierra y dejar la culpa afuera.

El cerebro infantil no funciona como el tuyo

El cerebro de un niño pequeño no está terminado. Literalmente sigue en construcción. Las áreas que permiten inhibir impulsos, priorizar estímulos y responder de forma consciente maduran lentamente.

En especial, la corteza prefrontal. Esa zona es clave para funciones como atender, planear y controlar la conducta. En la infancia temprana, todavía no está lista para “escuchar, procesar y actuar” como esperas.

Por eso, aunque te mire, puede no responder. Su cerebro está ocupado sobreviviendo al estímulo del momento.

Lee también: Lo que el sueño hace en el cerebro de tus hijos

Atención no es lo mismo que obediencia

Aquí suele haber confusión. Que tu hijo no responda no significa que eligió no hacerlo. Significa que no logró filtrar estímulos.

El cerebro infantil funciona más por reacción que por intención. Si está jugando, su sistema atencional está secuestrado por esa actividad. Cambiar de foco requiere una habilidad que se entrena con los años, no con regaños.

Además, la atención sostenida es muy corta en los primeros años. En un preescolar puede durar apenas unos minutos.

La inmadurez neurológica se nota así

Algunas señales comunes que no tienen que ver con mala conducta:

  • No responde cuando lo llamas.
  • Parece “en su mundo”.
  • Reacciona lento a instrucciones verbales.
  • Necesita que te acerques, lo mires y repitas.
  • Todo esto es esperable en etapas tempranas del desarrollo.
  • Entonces, ¿qué sí puedes hacer?

Primero, ajusta expectativas. No esperes respuestas automáticas. Después, cambia la forma de pedir. Acércate, baja a su nivel visual y usa frases cortas. Dale tiempo para procesar. El silencio también es parte del proceso.

Finalmente, recuerda esto: el autocontrol no se exige, se construye. Y se construye con repetición, calma y acompañamiento.

Cuándo sí conviene poner atención extra

Si notas que nunca responde a su nombre, no sigue instrucciones simples para su edad o hay pérdida de habilidades, vale la pena consultar con un especialista. No para alarmarte, sino para orientar.

En la mayoría de los casos, no hay un problema. Hay un cerebro haciendo lo mejor que puede con lo que tiene hoy.

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Redacción bbmundo

domingo, 25 de enero de 2026

Podrías mandar a tu hijo a terapia sin darte cuenta

Nadie quiere dañar emocionalmente a su hijo. Aun así, hay acciones que, repetidas en el tiempo, pueden llevarlo a necesitar terapia. No por maldad, sino por normalización.

No son golpes ni gritos. Son frases, silencios y dinámicas que se vuelven parte del día a día.

Señales que podrían mandar a tu hijo a terapia sin darte cuenta

1. Minimizar lo que siente

Decir “no es para tanto”, “no llores” o “ya supéralo” parece inofensivo. Sin embargo, le enseña que sentir es exagerar. Con el tiempo, el niño aprende a callarse. La emoción no desaparece, se acumula. La terapia suele llegar cuando ya no sabe cómo expresarla.

Lee: Consecuencias de minimizar las emociones de tus hijos

2. Resolverle todo antes de que intente

Anticiparte a cada problema evita frustraciones momentáneas. También evita que aprenda a manejarla.

Cuando no puede equivocarse ni enfrentar consecuencias pequeñas, cualquier error se vive como amenaza. Más adelante, la ansiedad aparece y alguien tiene que enseñarle lo que no practicó.

3. Exigir autocontrol que tú no modelas

Pedirle que se calme mientras tú explotas manda un mensaje confuso. El niño no aprende regulación emocional por instrucciones, sino por observación.

Según la American Academy of Pediatrics, la incoherencia entre lo que dices y lo que haces genera inseguridad emocional. Esa tensión sostenida suele trabajarse en terapia.

Te interesa: Acompaña a tu hijo en sus emociones

4. Usar el rendimiento como medida de valor

Frases como “puedes hacerlo mejor” o “sé que eres más inteligente” parecen motivadoras. En realidad, atan el cariño al desempeño.

Cuando fallar se siente como decepcionar, el miedo a equivocarse crece. La terapia aparece cuando el niño vive bajo presión constante.

5. No hablar de lo que duele

Evitar temas difíciles “para protegerlo” suele dejar al niño solo con sus interpretaciones.

Divorcios, enfermedades o pérdidas se sienten aunque no se nombren. La falta de explicación genera culpa, fantasías y ansiedad. Después, alguien tiene que ordenar ese silencio.

6. Normalizar el estrés adulto en casa

Vivir con prisas, cansancio y tensión constante se vuelve el ambiente emocional del niño.

La OMS advierte que el estrés crónico familiar impacta directamente en la salud mental infantil. No se trata de un evento, sino de la repetición diaria.

La terapia no es un fracaso o algo malo

La mayoría de los niños no llegan a terapia por un hecho aislado. Llegan por la suma de pequeñas acciones no cuestionadas.

No es culpa. Es conciencia tardía. Y muchas veces, la terapia no corrige al niño. Ayuda a reorganizar la dinámica completa.

Fuentes:

American Academy of Pediatrics: Emotional Development

Organización Mundial de la Salud (OMS): Child mental health

UNICEF: Parenting and emotional well-being

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Redacción bbmundo

Tratos que parecen normales pero son violencia obstétrica

La violencia obstétrica no siempre es evidente. Muchas prácticas médicas se han normalizado, aunque vulneran derechos básicos de las mujeres durante el embarazo, el parto y el posparto.

Identificarlas es clave para saber cuándo algo no está bien.

Lee: Errores en el parto que muchas hacen y pocas saben

¿Qué se considera violencia obstétrica?

Se trata de acciones u omisiones del personal de salud que causan daño físico o emocional. Incluye trato irrespetuoso, procedimientos sin consentimiento y decisiones tomadas sin información clara.

Prácticas comunes que sí son violencia obstétrica

1. No explicarte lo que te van a hacer

Cualquier procedimiento debe explicarse antes de realizarse. Si no sabes para qué es o qué riesgos tiene, no hay consentimiento informado.

2. Minimizar tu dolor o tus síntomas

Frases como “es normal” o “a todas les pasa” se usan para evitar revisar o atender molestias reales. Esto retrasa diagnósticos y atención oportuna.

3. Realizar tactos vaginales innecesarios

Los tactos deben ser justificados y con aviso previo. Hacerlos de forma repetida o sin preguntar no es parte obligatoria del proceso.

4. Decidir el tipo de parto sin razones médicas

Programar cesáreas o inducir el parto por comodidad del hospital sigue ocurriendo. Toda intervención debe tener una indicación médica clara.

5. Impedir que estés acompañada

Negar acompañamiento durante el trabajo de parto aumenta el estrés y la ansiedad. La evidencia médica respalda la presencia de una persona de apoyo.

6. Separarte de tu bebé sin explicación

Si no hay una urgencia médica, el contacto inmediato no debería impedirse. Separar sin informar también vulnera derechos.

Por qué es importante reconocerlo

Porque muchas mujeres no denuncian lo que viven al pensar que “así es”. Conocer estas prácticas te permite preguntar, decidir y exigir información clara.

Qué puedes hacer

  • Pedir explicaciones claras.
  • Solicitar consentimiento antes de procedimientos.
  • Preguntar si una intervención es necesaria.
  • Buscar atención con enfoque respetado.

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Redacción bbmundo

¿Por qué hueles tan mal en el posparto? ¡No eres la única!

Mientras tu bebé tiene ese olor delicioso de recién nacido, tú hueles como si hubieras corrido 10 maratones seguidos. Si sientes que tu cuerpo huele distinto después de parir, no estás exagerando. El posparto viene con una mezcla de cambios hormonales, fluidos y procesos de limpieza interna que alteran tu olor corporal. Y no, no tiene que ver con que “no te cuides”.

Para empezar, tu cuerpo está en modo recuperación total. Durante semanas, elimina lo que ya no necesita y reajusta sistemas que estuvieron al máximo durante el embarazo. En ese camino, el olor cambia.

Lee también: El costo de la depresión posparto

Loquios: la limpieza que nadie te explicó

Después del parto, tu útero se limpia. A ese sangrado se le llama loquios y puede durar entre cuatro y seis semanas. Al principio es rojo intenso, luego marrón y después amarillento.

Ese flujo tiene olor. No es perfume, pero tampoco debería ser fétido. A veces recuerda al olor metálico de la sangre o a algo “rancio”. Es normal mientras no venga acompañado de dolor fuerte, fiebre o ardor.

Hormonas y sudor: combo ganador

En el posparto, los niveles hormonales caen en picada. Esto afecta directamente a tus glándulas sudoríparas. Por eso sudas más, sobre todo de noche, y el sudor puede oler más fuerte de lo habitual.

Además, el cuerpo prioriza funciones vitales y la regulación de temperatura cambia. En otras palabras, sudas más y ese sudor no huele igual que antes.

Lactancia y olor corporal

Si estás amamantando, hay otro factor. Durante la lactancia, el cuerpo produce feromonas que ayudan al bebé a identificarte. Esto puede intensificar el olor en axilas y pecho.

No es casualidad ni algo que puedas “quitar” del todo. Es biología pura haciendo su trabajo.

¿Qué puedes hacer sin volverte loca?

Primero, baja la exigencia. No estás sucia. Dicho eso, hay cosas prácticas que ayudan. Cambiar toallas o protectores con frecuencia, usar ropa interior de algodón y ducharte una vez al día suele ser suficiente.

Evita duchas vaginales o productos perfumados “íntimos”. Alteran la flora y empeoran el olor. Si usas desodorante, prueba uno sin fragancia fuerte para no mezclar aromas.

¿Cuándo sí deberías consultar?

Si el olor es muy fuerte, parecido a algo podrido, o viene con fiebre, dolor pélvico o flujo verdoso, consulta. Podría tratarse de una infección y eso sí necesita atención médica.

Fuentes:

  • American College of Obstetricians and Gynecologists (ACOG)
  • Mayo Clinic
  • NHS (National Health Service, Reino Unido)

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Redacción bbmundo

sábado, 24 de enero de 2026

10 síntomas «raros» pero totalmente normales en el embarazo

Cuando tu bebé crece, tu cuerpo cambia y puedes sentir molestias no tan comunes: comezón en pezones, gases, hinchazón, acidez y muchos más. Te contamos algunos síntomas «raros» que puedes experimentar en el embarazo.

¿Cuáles son estos síntomas raros en el embarazo?

  1. Gases y eructos: Cuando tu bebé crece, el espacio en tu abdomen se va haciendo muy pequeño. Las hormonas del embarazo alteran la digestión, por eso los gases y eructos son comunes, especialmente al inicio y al final.
  2. Vista borrosa: Quizás te preguntes si ya necesitas lentes o una nueva graduación, pero esto es un efecto secundario de la retención de líquidos.
  3. Comezón en los pezones o en las boobs: A partir del inicio del embarazo, cuando tus boobs crecen, la piel sensible de esta zona se estira, lo que hace que se pueda sentir comezón en los pezones, los senos o el pecho.
  4. Dolor agudo en la ingle: Estos dolores en la zona lumbar suelen aparecer a mediados del embarazo, cuando los ligamentos de la pelvis se estiran para acomodar al bebé. 

Cambios inesperados que pueden aparecer durante el embarazo

  1. Fugas de orina: Durante el embarazo, ciertas hormonas envían señales a los músculos pélvicos para que se relajen y así poder parir, esto puede hacer que puedas llegar a tener fugas de orina cuando estornudas o te ríes. 
  2. Acné: Para algunas mujeres, el embarazo se siente como vivir nueve meses seguidos de síndrome premenstrual: granitos, brotes e imperfecciones que no veían tan seguido desde la adolescencia. Spoiler: no es tu piel, son las hormonas haciendo de las suyas.
  3. Hemorroides: Muchas embarazadas sufren de hemorroides, esto puede ser por la presión que ejerce el peso del bebé sobre las venas de la ingle.
  4. Varices: Esto se debe a la presión que ejerce el útero cuando va creciendo sobre las venas vaginales . Si las tienes en tu primer embarazo, es muy probable que las tengas en siguientes embarazos. 
  5. Cambio de ombligo: Aunque parezca un síntoma extraño del embarazo, el cambio de ombligo es la forma en que tu cuerpo crea un poco más de espacio para tu bebé.
  6. Insomnio: El insomnio es común e incluso puede ser una señal temprana de que estás embarazada, aunque puede ocurrir durante la gestación y el posparto.

Y aunque muchas de estas molestias pueden ser incómodas o sorprendentes, casi todas son parte normal del embarazo. Escucha a tu cuerpo, date paciencia y recuerda siempre consultar con tu doctor.

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Claudia Morales

viernes, 23 de enero de 2026

Hábitos sanos con la comida de tus hijos: lo que sí ayuda

Los hábitos sanos en la comida son algo que se construye con el tiempo y tú como mamá o papá eres el ejemplo para tus hijos sobre cómo cuidarte y lo que sí y no se debe de hacer.

10 hábitos sanos en la alimentación para tus hijos: 

  1. Dar un buen ejemplo: Una de las mejores formas de cuidar la alimentación de tu hijo es que te vea comer de forma equilibrada. Recuerda que tú eres su mayor ejemplo en TODO.
  2. Quita la presión: No intentes exigirle demasiado a tu hijo poniendo rutinas muy duras o estrictas. Siempre trata de escuchar sus necesidades y explicarle lo que le hace bien y lo que tiene que esperar para otro día.
  3. No uses la comida como recompensa: Cuando le das a tu hijo una rebanada de pastel porque se comió todas las verduras, es simplemente una forma de presionarlo. Aumenta la tensión durante la hora de la comida y lo único que hará es que ya no le guste ese alimento.
  4. Prioriza porciones pequeñas: Hoy por hoy, se tiene la idea de que entre más le demos de comer a los niños, van a crecer más fuertes y grandes. Simplemente eso no funciona así, los niños son pequeños y no necesitan comerse el mismo plato que tu. Recuerda que las porciones adecuadas para ellos son menores a las tuyas.
  5. Permite el desorden: Una de las formas más comunes en que los niños pequeños aprenden sobre la comida es a través del gusto. Por eso, es bueno ser tolerante con las comidas desordenadas, si eso es lo que tu hijo necesita para aprender sobre diferentes alimentos, déjalo experimentar. Alimentarse siempre será una experiencia multisensorial.
  6. ¡Relax!: Si tu hijo crece a un ritmo adecuado y su pediatra confirma que su desarrollo es normal, es muy probable que esté cubriendo sus necesidades nutricionales. No todos los días comerá igual ni mostrará el mismo interés por la comida, y eso también es parte del proceso.

Recuerda que debes evitar presionar, forzar o negociar con la comida: confiar en su apetito y ofrecer opciones saludables suele ser suficiente. Con estos hábitos sanos con la comida, podrás notar una diferencia en casa.

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Claudia Morales