Nadie quiere dañar emocionalmente a su hijo. Aun así, hay acciones que, repetidas en el tiempo, pueden llevarlo a necesitar terapia. No por maldad, sino por normalización.
No son golpes ni gritos. Son frases, silencios y dinámicas que se vuelven parte del día a día.
Señales que podrían mandar a tu hijo a terapia sin darte cuenta
1. Minimizar lo que siente
Decir “no es para tanto”, “no llores” o “ya supéralo” parece inofensivo. Sin embargo, le enseña que sentir es exagerar. Con el tiempo, el niño aprende a callarse. La emoción no desaparece, se acumula. La terapia suele llegar cuando ya no sabe cómo expresarla.
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2. Resolverle todo antes de que intente
Anticiparte a cada problema evita frustraciones momentáneas. También evita que aprenda a manejarla.
Cuando no puede equivocarse ni enfrentar consecuencias pequeñas, cualquier error se vive como amenaza. Más adelante, la ansiedad aparece y alguien tiene que enseñarle lo que no practicó.
3. Exigir autocontrol que tú no modelas
Pedirle que se calme mientras tú explotas manda un mensaje confuso. El niño no aprende regulación emocional por instrucciones, sino por observación.
Según la American Academy of Pediatrics, la incoherencia entre lo que dices y lo que haces genera inseguridad emocional. Esa tensión sostenida suele trabajarse en terapia.
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4. Usar el rendimiento como medida de valor
Frases como “puedes hacerlo mejor” o “sé que eres más inteligente” parecen motivadoras. En realidad, atan el cariño al desempeño.
Cuando fallar se siente como decepcionar, el miedo a equivocarse crece. La terapia aparece cuando el niño vive bajo presión constante.
5. No hablar de lo que duele
Evitar temas difíciles “para protegerlo” suele dejar al niño solo con sus interpretaciones.
Divorcios, enfermedades o pérdidas se sienten aunque no se nombren. La falta de explicación genera culpa, fantasías y ansiedad. Después, alguien tiene que ordenar ese silencio.
6. Normalizar el estrés adulto en casa
Vivir con prisas, cansancio y tensión constante se vuelve el ambiente emocional del niño.
La OMS advierte que el estrés crónico familiar impacta directamente en la salud mental infantil. No se trata de un evento, sino de la repetición diaria.
La terapia no es un fracaso o algo malo
La mayoría de los niños no llegan a terapia por un hecho aislado. Llegan por la suma de pequeñas acciones no cuestionadas.
No es culpa. Es conciencia tardía. Y muchas veces, la terapia no corrige al niño. Ayuda a reorganizar la dinámica completa.
Fuentes:
American Academy of Pediatrics: Emotional Development
Organización Mundial de la Salud (OMS): Child mental health
UNICEF: Parenting and emotional well-being
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Redacción bbmundo