Ver a un papá rodar por el piso con sus hijos o lanzarlos al aire puede parecer un caos desde afuera. Pero lo que muchos adultos ven como descontrol es realmente una de las formas más valiosas para el desarrollo infantil. El juego rudo en niños, técnicamente conocido como rough-and-tumble play, en realidad no fomenta la violencia; sino que enseña límites, empatía y autocontrol.
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La razón por la que jugar a «las luchitas» ayuda a tu hijo
El juego rudo combina fuerza, movimiento y risas. Además de que incluye actividades clásicas como perseguirse por toda la casa, hacer «fuercitas» o peleas de «caballito», cosquillas y el inevitable juego de contacto. Y a diferencia de la violencia real, el objetivo aquí no es lastimar al otro sino conectar con él. Durante este tipo de juegos el cerebro del niño libera oxitocina (la hormona que hace capaz la creación de vínculos) y dopamina, haciendo más fuerte los vínculos. Un metaanálisis publicado en Infant Mental Health Journal encontró que jugar a las luchitas con papá se relaciona con las habilidades sociales y emocionales de los niños.
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Los beneficios que nadie te dice
Si decides jugar a las luchitas con tu hijo, primero tienes que saber que este tipo de juegos tienen grandes ventajas a nivel físico, neurobiológico y emocional:
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Autorregulación y límites: Mientras juegan, el niño aprende a medir su propia fuerza. Si aprieta demasiado y el otro se detiene o expresa dolor, el crío empezará a comprender los límites del otro y ajustará su comportamiento.
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Confianza: Probar su fuerza en un entorno en el que se siente cómodo le dará seguridad en sus capacidades físicas.
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Manejo de la frustración: Perder en un juego físico o tener que esperar su turno le ayudará a tolerar la incomodidad dentro de un juego y fuera de el.
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Reglas básica para un juego seguro
Para disfrutar del juego rudo en niños sin que nadie salga lastimado, es importante establecer reglas claras desde el inicio:
- Escojan una palabra de alto: Enséñale a tu hijo que un «basta» o «alto» es más que suficiente para detener la acción de inmediato, sin ningún tipo de excepción.
- Ojo con la intensidad: Eviten las cosquillas en exceso si ven que el otro no puede respirar bien o pide que paren. El juego siempre debe ser consensuado.
- La diversión debe ser la razón: Si notas que la risa cambia por llanto o enojo, es momento de pausar. Mejor cambien la dinámica y bajen la energía.
Dejar que estos espacios de descarga física sean posibles no solo ayuda a canalizar la energía acumulada, también fortalece el equilibrio emocional del crío para toda la vida.
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Natalia Fiesco
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